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Tiempos de proxemia

No estamos hechos para esto. Las distancias, digo; estas distancias de los confinamientos, la distancia de seguridad, los aislamientos y los encierros en pocos metros cuadrados. Es el castigo que damos como sociedad (las prisiones, los exilios), o que sufren aquellos menos afortunados. Ahora, de múltiples formas, lo vivimos todos.

Entre confinamientos y restricciones, nuestras posibilidades y nuestros deseos se han visto frustrados. Nuestro concepto del tiempo está alterado y, encerrados en casa -en soledad desoladora o sin privacidad suficiente-, nuestras relaciones sufren mutaciones de todo tipo. No es que antes fueran perfectas, ni mucho menos. Pero ahora, tal vez sin saberlo, estamos inmersos en una reevaluación proxémica, una reevaluación de las distancias vitales, íntimas, personales, sociales.

Nada me hará más feliz que compartir mi pasión por el estudio de cómo espacios y distancias afectan a nuestra salud y nuestra psique, pero antes, demos un momento a la elocuencia del arte.

Antony Gormley, Early Drawings, 1980 – 1984
Sophie Favre. Foto de Martin Le Roy.

Para explicar la qué es la proxémica, además de las definiciones ortodoxas, suelo usar algunas de estas imágenes. Especialmente, uso las esculturas y dibujos de Antony Gormley y los gravados de Tetsuo Aoki. Aoki explica: “el tema de mis obras es la expresión del placer, la profundidad y la importancia de tocarnos”. Su obra es pura poesía.

La proxémica estudia las distancias entre seres humanos y sus significados. Analiza cómo cada cultura siente las relaciones de manera distinta y cuales son las necesidades humanas en diferentes contextos, siempre en relación al espacio. Se ocupa de la comunicación intentando comprender la influencia del espacio, la distancia o el tacto. Edward Hall (del que ya hemos hablado algo por aquí), abrió todo este campo de investigación y definió el término a mediados de los años 60.

El tacto, injustamente relegado en nuestra cultura, y la gestión de las distancias y las cercanías, son una de las grandes claves de la salud mental y física de cualquier ser vivo. Y así estamos, manteniendo las distancias con muchos de nuestros seres queridos, y sin suficientes distancias de otros. Viviendo encierros y lejanías de deben mantenernos seguros y que nos hacen sentir desconectados, aislados, solos. No es que tenga intención de ser dramática, pero el tema merece atención especial porque, después de tantos meses, las consecuencias de todo tipo de nuestras distancias alteradas -especialmente cuando van acompañadas de altos niveles de estrés- empiezan a hacerse presentes. Las soluciones no son sencillas, pero primero debemos reconocer el problema.

Si estás buscando lectura, es un buen momento para leer “La Dimensión Oculta” de Hall (y luego el resto de sus libros, que son todos una delicia). Que sea un libro sesentero no quita para que esté de absoluta y rabiosa actualidad: Hall apuntaba entonces a problemas que hoy nos desbordan cuando nos encontramos confinados en edificios construidos pensando más los costes que en sus futuros ocupantes, o planificaciones urbanas hechas por urbanistas absolutamente desconectados de las necesidades y de las culturas de los residentes de barrios que se encargaban de planificar.

A cualquiera que le interese el movimiento humano encontrará en la proxémica un campo fascinante de explicaciones y datos de esos que podíamos intuir, pero que no sabíamos muy bien cómo ni porqué funcionan como funcionan. Profundicemos en nuestra definición: la proxémica se encarga de estudiar las relaciones emocionales y de comportamiento en relación al espacio vital, de acuerdo con las características culturales de los individuos. Se relaciona directamente con la comunicación no verbal, y especialmente con el campo de la háptica (esencialmente el estudio del tacto), la cinestesia (el estudio del movimiento del cuerpo), la paralingüística (o sea, el estudio de la prosodia, la entonación, el volumen de la voz, etc.) y la cronométrica (el estudio de la estructura del tiempo*). Además, nos sirve para evaluar la interacción entre personas en su vida diaria, y, lo que es aún más interesante “la organización de los espacios en sus casas, edificios y ciudades”. Es el campo que puede darnos clave para distribuir los espacios y los objetos en nuevas formas para mejorar nuestra salud física y mental. También explica muchos de nuestros comportamientos en relación: porqué hay confusiones y malentendidos cuando nos relacionamos con nativos de culturas muy distintas y qué detalles podemos tener en cuenta para comprender otros puntos de vista de aspectos que, aunque nos cueste aceptarlo, no son universales.

Gormley. Lost Horizon. 2008.

Además, explica hechos mucho más mundanos, como en qué ángulo es más fácil establecer una conversación entre desconocidos o porqué al entrar en un bar, te sentirás atraída hacia cierta mesa. Lo sé, olvidemos por un momento que los bares están cerrados. Para elegir un lugar en el local, tu cuerpo habrá evaluado -normalmente de forma inconsciente- la luz, la distancia y el ángulo en relación a la entrada y las ventanas, al resto de las mesas y a los demás objetos y personas que ocupan el lugar. También explica porqué generas una relación territorial, por ejemplo en tu espacio de trabajo, o porqué siempre tendemos a ocupar los mismos lugares en los mismos espacios.

El espacio nos define, y nos ayuda a definirnos. Un espacio puede hacernos sentir implicación y seguridad, y cuando las relaciones espaciales se trastocan nos sentimos confundidos, incluso angustiados.

Animación de Nele Erikson sobre un gravado de Tetsuo Aoki.

Tal vez ahora que nos falta el tacto del otro y buscamos nuevas formas de acercarnos, podamos valorar de nuevo la sensibilidad corporal, la piel, la percepción cinestésica. Juhani Pallasma lo explica muy bien en todos sus escritos: nos hemos ido alejando del tacto en nuestra cultura, y eso nos ha hecho perder dimensiones imprescindibles a nuestro alrededor. Si podemos ser conscientes de la información que nos transmite el cuerpo y conocemos las preferencias culturales de los usuarios y sus significados, las posibilidades de diseño de los espacios alcanzan cualidades insospechadas y muy valiosas.

Todavía no sacamos partido a los estudios proxémicos. Arquitectos, diseñadores, urbanistas, empresas, hospitales o escuelas lo tienen muy difícil para incorporar estos conocimientos a sus proyectos. Pero estos tiempos nos obligan a reevaluar muchas cosas. Ojalá las vivencias del presente sirvan para que usemos todo el conocimiento que ofrece la proxémica para mejorar la calidad de vida de la gente cuando todo esto acabe.

Mientras tanto, mantente en movimiento todo lo posible (bailar es siempre una forma fácil y muy eficaz de hacerlo), y considera las sensaciones de tu cuerpo en relación a tu entorno: te dará pistas para cambiar algunas cosas. Los espacios se diseñan, de forma consciente o no, y a veces pequeños ajustes pueden redefinirlos por completo.

* Edward Hall también escribió “El lenguaje silencioso”, una reflexión sobre los distintos conceptos temporales en función de diferentes culturas.